Hipnosis Clínica Reparadora - El sitio del Lic. Armando M. Scharovsky (psicólogo)

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Reportaje LA NACION 4/1/09

Cómo es una Regresión Hipnótica

Se trata de una sesión de tres horas de duración donde el paciente le cuenta al terapeuta los principales datos de su historia, y donde luego es colocado en Hipnosis.

La Hipnosis Clínica es un estado de muy cómoda relajación, donde el paciente no está nunca inconsciente, y escucha, razona, piensa, comprende y finalmente recuerda absolutamente todo lo que haya aparecido en su mente.

En esos momentos, se invita al inconsciente del paciente a elegir a qué lugar del pasado quiere volver y para recordar qué cosa. Muchas veces lo que resuelve es volver a la niñez, y en esos casos es posible de realizar emocionantes reparaciones que modifican para siempre su vida.

Una regresión encarada de esta manera, en un contexto terapéutico, es un hito en la vida del paciente que separa un antes y un después, y que generalmente le permite encarar y solucionar problemas y características que parecían insolubles. A veces es conveniente profundizar los cambios con otra regresión algunos meses después.

PERO, EL PACIENTE, ¿QUÉ SIENTE?

Cada regresión es grabada, y por eso contamos con el testimonio de más de mil regresiones. Pero allí está lo que el paciente dice durante la sesión. Rara vez nos queda el testimonio escrito de lo que el paciente siente. En este caso, Rocío, una paciente argentina aceptó la invitación de brindarnos el suyo.

Esta es la historia:

Rocío entró a nuestro consultorio en una mañana soleada de Junio del 2001. Es una joven y bella mujer de 32 años, divorciada desde hace mucho, con una hija muy querida de 12 años.

Nos llamó mucho la atención cuando nos contó su vida, su soledad afectiva: ni novios ni amigos, solo el amor por su hija. Una hora después, muy relajada, emprendió un viaje hacia el pasado que le traería un mensaje significativo y hermoso. Fue una regresión vívida y sentida. Al terminar le pedimos que nos la contara por escrito para poder registrar todas esas sensaciones que el terapeuta sospecha, pero rara vez confirma.

Nos sorprendió cuando dos días más tarde nos trajo este bellísimo relato, tan bien escrito. Lo copiamos textualmente, con su permiso:

Soy Rocío, estoy en un hermoso lugar, muy luminoso, hay una escalera de mármol, con unas vetas muy suaves, parecen pintadas; allí me está esperando un anciano, de cabellos y barba blanca, tiene una túnica de color marfil, me ayuda a subir. Hay una puerta imponente, el anciano la abre e ingresamos a un templo. Este tiene forma de semicírculo, muy luminoso, me hace parar en el centro y puedo contemplar tres puertas de madera talladas, muy lustradas. En una de ellas debo entrar, las observo y de repente la puerta de la izquierda y del centro, comienzan a desaparecer, en una gran nebulosa, quedando la puerta de la derecha; comienza a abrirse lentamente y me atrae su espesa niebla; sin darme temor, entro. 

Al ingresar no puedo ver nada, solamente niebla, que cada vez se hace más y más espesa. A lo lejos veo una pequeña luz, que poco a poco al avanzar se ve con mayor nitidez y al llegar distingo un farol de calle, pero con tres lámparas, en forma oval cada una, no es eléctrico, sino parece antiguo, su pie de color bronce, no tiene brillo, es alto. Lentamente, éste me permite ver la calle, es de adoquines, sin veredas angostas de una tonalidad gris.

Hay algo que me llama la atención, no hay plantas ni flores, todo es tan gris solitario, que da tristeza; me siento como una cámara, que veo todo pero soy ajeno a este paisaje.

- Ahora estoy en un gran salón, parado frente a un ventanal, en un primer piso, tengo puesto un blusón marfil, pantalón oscuro; lentes, con cristal circular, mi cabello es pelirrojo, con rulos, uso barba con bigotes; de repente veo mis manos y éstas son macizas, blancas. Me doy cuenta que ya no soy Rocío, sino un hombre, el mismo que vi algún tiempo en el espejo; estoy sorprendida pero también siento que lo conozco, no temo.

Me llamo Frank. En ese instante se abre la puerta y se asoma una mujer vieja, tiene puesto un miriñaque y calota, toda de negro, en su mano trae un balde de latón gris, que vino a limpiar, pero al estar el salón ocupado, se retira disculpándose. A los costados del salón hay dos grandes bibliotecas de madera, repletas de libros, no tiene lugar libre, a mi costado una gran mesa de madera oscura, es maciza, fuerte, sus patas talladas, casi imponentes; sobre la mesa una pluma negra, es la que uso para escribir, también hay un papel ocre, el cual está escrito del lado superior el año y muy claro 1854, con números caligráficos.

- Tu pregunta fue: "¿Qué siente Frank, un varón, al hacer el amor?" Y de repente es como si me transportara a un cuarto, tiene un gran ventanal frente a la cama, ésta es amplia y no tiene el mosquitero, es más nunca lo tuvo, se ve la madera oscura, pesada, cálida. Siento las sábanas blancas de hilo y yo allí, haciendo el amor con una mujer blanca, sus cabellos tienen bucles muy negros. La estoy poseyendo, amando, penetrando. Siento su palpitar, nuestro placer, estoy encima de ella y no la estoy lastimando sino amando, ella es Mary, mi amor, mi mujer.

- Regreso nuevamente al salón, soy escritor, doy clases en la Universidad y también trabajo en la biblioteca, estoy casado con Mary, aún no tenemos hijos.

- Estoy en un peñasco, a orillas del mar, es Austria, a mi izquierda hay un viejo faro; aquí vengo a meditar, sentado en las piedras grises, con mi polverino y mi gorra con visera, no dejo de ver el mar y de pensar. Con mis 27 años, debo elegir el trabajo de la Universidad o la biblioteca; realmente los dos me hacen falta, así de esa forma juntaría lo suficiente para casarme con Mary, a quien amo profundamente. Su familia no me quiere, por que soy escritor, bohemio, sin futuro y según ellos no le puedo ofrecer nada. Pero ya lo decidí: tomaré los dos trabajos, por nuestro futuro, sé que lo voy a lograr.

- 29 años, estoy frente al espejo, acomodándome este chabot, hoy es el gran día, hoy desposaré a Mary, estoy realmente feliz.

- Estoy en la biblioteca frente al ventanal, veo la calle, los movimientos, todo es gris, en todas sus gamas, pero no deja de ser gris. Y ese farol de tres luces, está casi frente a la entrada, le da un toque de calidez. Por mi parte tengo todo, Mary, mis dos trabajos, soy realmente un hombre feliz, además escribo, creo que es un don, redactar los sentimientos en una simple hoja.

- Camino, voy yendo a la biblioteca, llevo mi polverino y mi gorra, de repente me paro, para poder ver el panorama de la calle, toda las tonalidades de gris y el farol de tres luces, como un fiel testigo de mi visión. Se escucha el murmullo de la gente, el movimiento de la calle, de ésta época y lugar. Me llaman la atención cuatro hombres, tratando de subir tres cajones de madera, éstos tienen que llevarlos a una ventana, que da a un primer piso. Quieren hacer una especie de cinta transportadora, pero sobre una madera, están discutiendo. Apostaría que no les va a funcionar, pero ellos siguen como mulas... ¡Gané!. Se cayó el cajón y se rompió, si fuera el dueño de esos cajones los mataría; aunque toda esta situación me da mucha risa. Lo gracioso es que se culpan unos a otros pero ninguno levanta lo que está tirado. Y yo no puedo parar de reírme.

- Tengo 37 años, vengo corriendo desde la biblioteca, con mi blusón transpirado, mis pantalones oscuros, entro saltando los dos escalones de la entrada, una de las puertas está abierta, la otra no. A mi derecha hay una especie de arcada de madera, de allí sube una escalera a un piso superior, voy a subir corriendo, pero está bajando un hombre, de baja estatura, con galera y un frac negro, un maletín pequeño, unos lentes como los míos. No me habló, solo bajó los lentes y vi su mirada triste... Estoy ahogado en llanto, deseo gritar, mi Mary se muere, está muy grave, perdió a nuestro bebé y ahora ella se me va... Llego a la habitación, es el mismo cuarto donde hice el amor con Mary; ella está entre sábanas blancas, es hermosa, pero está muerta. Hay mucho dolor, ganas de gritar y no poder... Puedo ver una silla mecedora de madera, con un tapizado oscuro de búlgaro en el respaldo, se la había comprado para que estuviera más cómoda, pensando en su estado. Pero ahora ya es tarde, estoy solo.

- 47 años, estoy en el peñasco, donde venía a hacer planes, quisiera terminar con mi vida, pero ella no se merece un cobarde; aquí están los recuerdos felices, nuestros planes. Aquí venía a pensar en nuestros proyectos, ahora solamente vengo a recordar.

- Estoy en la biblioteca, lo único que me quedan son los libros, ya no doy clases, ¿para qué? Al ver la calle, me doy cuenta que mi vida tomó el color de ella, es gris, triste y fría. Solamente espero que pasen los años y poder estar juntos nuevamente.

- 74 años, estoy en mi cuarto, el mismo de siempre, soy viejo y enfermo, me duele el pecho, es como una presión, casi sin dejarme respirar. La ventana está cerrada, los postigos también, pero se ve una pequeña luz que entra muy cálidamente, es pobre pero deja ver su presencia, como diciendo, ¡Aquí estoy voy a iluminar este triste lugar. El pecho me está comenzando a doler más, casi me cuesta respirar, cada vez el dolor es más fuerte y la luz se hace más luminosa, no puedo dejar de verla, a pesar del dolor del pecho, todo cambia. Esa luz está tomando forma, es maravilloso, es ella, Mary, flotando con un vestido blanco, sus rizos están tan negros y brillosos, está tan hermosa como en el día que se marchó. Me está extendiendo sus blancas manos hacia mí, siento que ya no voy a estar más solo, ya no... Me siento libre, estoy flotando y al darme vuelta puedo ver al viejo en la cama. En su rostro hay un gesto de tranquilidad, dejó de sufrir... Tengo la edad de cuando ella murió, voy de su mano, no temo, estoy flotando como en el espacio, el cuarto se evapora, es una sensación placentera, siento una gran paz, armonía, hay otras energías que no veo pero las percibo... Una entidad de luz se hace presente, creo que es mi Angel Gabriel, y le dice a Frank, que debe darle un mensaje a Rocío, y girando sin soltarse de Mary, me mira con mucho amor, diciendo simplemente.

- Querete, amate y no te culpes, por que seguramente, hoy Rocío, ayer Frank, puede encontrar a su Mary.

Luego la mira y se pierden en la niebla y me puedo quedar en paz.

En el momento en que el Angel habló con Frank, sentí que ya había dejado el cuerpo de él para ser Rocío, para poder ser testigo de ese hermoso momento de amor de ese hombre que tal vez alguna vez fui.

Esta historia que ella ha contado tan bien, unida a otro trabajo hipnótico que le permitió elaborar una situación sin resolver del pasado, han dado un verdadero giro a su vida. Ya tuve el placer de que me visitara para contarme que ha comenzado a salir con un admirador.


Las REGRESIONES A VIDAS PASADAS pueden realizarse en cualquier ciudad de México, o de otro país donde se reúna un mínimo de personas interesadas.

Informese escribiendo a: hipnosisclinica@scharovsky.com 


 

 

Copyright 1998-2009  by Armando M. Scharovsky.  

Prohibida su reproducción total o parcial sin autorización expresa del autor. Última modificación: 05/10/2009.