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La
Reparación Hipnótica |
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Una
de las más eficaces técnicas terapéuticas desarrolladas en la última década,
es la que se alcanza con REGRESIONES A VIDAS PASADAS.
En la misma el paciente, consciente y relajado, es invitado a atravesar una
puerta imaginaria, tras la cual se encuentran los recuerdos de otras vidas
vividas, dentro de otros cuerpos, con otras caras y con otros nombres.
Pero
no siempre se vuelve a una vida anterior. Como nosotros no hacemos turismo
por el tiempo, aún cuando la regresión se efectúe para satisfacer la curiosidad
intelectual del paciente, la instrucción que damos siempre, es que éste
se va a transladar a un momento del pasado donde ocurrió algo importante,
algo que se halla vinculado con algún síntoma actual, o con alguna
característica que es conveniente esclarecer. Pero se hace hincapié en
que será el Yo Interior del paciente el que elegirá a qué momento del
pasado se vuelve: Si lo hace al pasado
cercano, cuando el paciente era un niño, o al
pasado
lejano,
cuando estaba dentro de otro cuerpo, con otra cara y con otro nombre.
Pero
muchas veces el regreso es a la niñez o a la juventud de
esta
encarnación. Y es entonces donde además del
esclarecimiento, es posible efectuar una reparación,
donde se le da al paciente la protección o la
comprensión de la que carecía cuando acontecieron los sucesos evocados.
Veamos
dos casos: |
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La historia de los clavitos torcidos.
Roberto
es argentino, de 29 años. Parte de sus problemas es su falta de confianza
en sí mismo. Ya ha efectuado antes una regresión a una vida pasada, pero
hoy su inconsciente decide llevarlo a un episodio de su niñez. Roberto
tiene 5 años y va a visitar a su padre a su taller. Gracias a su
descripción casi podemos ver la escena: el padre muy ocupado, le da a
Roberto una caja con clavitos doblados y un pequeño martillo y le pide
que los enderece. Él lo intenta – por supuesto infructuosamente – y
se lo dice a su padre:
-
"No puedo papá" - se queja.
-
"Insistí" – le contesta él, divertido.
Y
Roberto redondea su recuerdo, viendo como su papá y un amigo que viene a
visitarlo lo miran, cuchichean y se sonríen.
Todo
este episodio no hubiera tenido ninguna trascendencia si no fuera por el
hecho que su padre murió poco después y que Roberto se quedó por eso frustrado
para siempre ya que nunca pudo demostrarle a Papá que él era lo
bastante hábil como para cumplir sus encargos.
Entonces...
Entonces introdujimos un pequeño cambio en el final de la historia.
Roberto fue invitado a revivir nuevamente la anécdota, pero esta vez el
padre le decía: - "Perdoname Roberto. Yo no quería burlarme de
vos, pero no sabía que me iba a morir tan pronto y que este episodio te
iba a marcar para toda la vida. Tenés razón: nadie puede enderezar
clavitos con un martillo, y menos aún un niño. Devolveme la caja y tomá
ésta" - al tiempo que le entregaba una con tornillos y tuercas
– "Ponele una tuerca a cada tornillo. Hacelo sin apuro. Este
trabajo sí es posible de hacerse".
Roberto
– emocionado – logró rehacer su recuerdo y vió sus manitas
atornillando tuercas. Inclusive vió llegar al amigo de su padre, y vió a
su papá orgulloso mostrándole como su hijo cumplía sus encargos pese a
su corta edad. |
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La historia del beso negado.
María
tiene 49 años. Su madre murió cuando ella tenía tan sólo cuatro.
La
segunda esposa de su padre fue una mujer fría y distante. Eso quiere
decir que María atravesó la vida sin una mujer que ocupara un lugar de
madre: casi podría decirse que es una huérfana de 49 años. La
gente ignora que muchas veces quien ha perdido tan temprano al progenitor
de su sexo, cuando llega a la adolescencia y más nota su ausencia se
siente algo así como abandonado, traicionado por la persona muerta.
También
en este caso, el inconsciente de María elige llevarla un momento de ésta
vida. María tiene ahora 4 años, y ve a su mamá sentada en la cama. Está
pálida, La atienden dos mucamas que le acomodan almohadones. La ve sonreírle.
Y la oye. En la escena siguiente aparece papá muy malhumorado: Mamá
ya ha muerto. Papá intentó que los hijos besaran el cadáver antes de
cerrar el cajón. Sus hermanos cumplieron con el deseo pero María se negó.
Y por supuesto quedó llena de culpas por haberse negado a darle el último
beso a su mamá.
Hicimos
entonces que mamá le hablara y le explicara lo obvio: - "Perdoname
María. Yo nunca te abandoné. Yo no me morí porque quería. Yo me morí
porque la gente se muere. Y siempre te acompañé, y siempre te miré y
siempre estuve a tu lado. Me alegro que te hayas negado a besar mi cadáver.
A partir de ahora, cada noche, vas a sentir un pequeño calorcito cerca
del corazón. Eso significa que yo estoy cerca tuyo. Y cuando sientas un
pequeño roce en tu frente, es que te he dado un beso". |
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Una
pequeña explicación:
Estas
dos historias parecen un poco ingenuas. Más de una vez al contarlas
alguien nos preguntó: "¿ Eso quiere decir que Roberto y María
olvidaron su pasado anterior –el verdadero- y ahora creen de verdad
en esa versión que les creó?"
Roberto
siempre supo intelectualmente que un chico de cinco años no
puede enderezar clavitos con un martillo. Pero eso no le impidió
sentirse inútil e inepto frente a las exigencias de la vida. Ahora, en
cambio, sabe intelectualmente que la historia de los tornillos y
las tuerquitas surgió en la terapia, pero su niño interior quedó
confortado, y apto para comenzar una nueva etapa.
María
siempre supo que su madre no murió intencionadamente y no la
abandonó, aunque se sintió así durante toda su vida. Ahora sabe en
cambio que aunque no haya dialogado con una persona muerta, su madre la
acompaña, y siempre que lo necesita siente ese beso imperceptible en su
frente. Y además – y no es poco – rescató de su memoria infantil,
para siempre, el sonido de la voz materna. |
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ESCLARECIMIENTO:
Pero
no siempre es necesario cambiar el final. Generalmente, el esclarecimiento
del origen de un comportamiento faculta al cambio. Veamos un ejemplo:
Mercedes
ha vuelto –en la regresión- a su habitación en la casa paterna, y
observa a su hermana que le lleva tres años, y que en el recuerdo tiene
cuatro años y medio. O sea que ella ha regresado a la edad de un año
y medio. Mamá está muy enojada y le está pegando con un
cinturón a Patricia, su hermanita. Mercedes contempla aterrada la escena desde
atrás de la cuna, a través de los barrotes. Cuando le pregunto qué
es lo que ella resuelve en ese momento, contesta: "Que no hay
que contradecir a mamá". Y sólo ahora, luego de casi
treinta años, Mercedes podrá comenzar a desobedecer ese desconocido
mandato interior que se autoimpuso para sobrevivir. |
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